Rompo hoy un poco las formas, y -al menos por hoy-, sólo quisiera escribir, sin la necesidad de anexar el enlace respectivo (bibliografía) de los enunciados que presente. Es que de este modo es más sencillo graficar lo que percibo, y menos agotador. Aunque más subjetivo, desde luego.
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Hemos escuchado en estos días, a raiz de la difusión de los cables diplomáticos por Assange y sus Wikileaks, noticias que -seamos justos-, no resultan en gran novedad. Uno de estos, con implicancia local, nos hablaba de Alan García, su bipolaridad y su 'ego colosal'. Pues bien, coincido con muchos de Uds. al señalar que en esta información no hay mucho de novedoso. Que García requería de medicamentos para la estabilidad emocional es un rumor más que conocido. Y que tiene una personalidad egomaniaca, pues qué duda cabe. Lo que yo cuestiono es, qué implicancia hay en todo esto. Mejor dicho, ¿una enfermedad psiquiátrica constituye algo repudiable para alguien que ostente un cargo de alta responsabilidad? ¿Es una psicopatología algo condenable, merecedor de desprecio o discriminación? ¿Minimiza las virtudes de las personas? Y posiciones al respecto habrán muchas. Posiblemente muchos señalen que depende de qué enfermedad específica hablamos o del grado de la misma. Pero quiero enfatizar en esto en homenaje a esas tan bellas amistades que tengo, que padecen de Trastorno Bipolar, que usan medicamentos continuamente, y son -sea o no por el tratamiento-, personas maravillosas, que sufren, rien y gozan como el más común de los mortales. Que el padecer un desorden en la dinámica de los neutrotransmisores cerebrales no afecta su desempeño en las labores médicas, sociales, del derecho y de otro tipo.
Y no me vengan con que el riesgo radica es si por efecto de una exacerbación de la enfermedad o de la medicación ello afectará su juicio. Afirmar algo así es como cuando Bayli se preguntaba si Lourdes Flores podría ser una buena presidenta cuando se viera afectada por los cambios de ánimo propios de las variaciones hormonales catameniales. Y si mi jefe es un gruñón en determinadas épocas del año, pues sería igual de estúpido creer que ello es secundario a que sus medicinas para la presión afectan su perforance sexual y de ahí el mal humor.
Experimentos sociológicos señalan que si a la mayoría de personas se nos permitiera el ejercicio de algún tipo de poder sin límites, graves consecuencias ocurrirían. Es cierto además que la mayoría de personas que busca un cargo de poder posee cierto grado de narcisismo. Por ello se creen eso de ser las más apropiadas para ejercicio de tal o cual cargo. Es propio de la naturaleza imperfecta de las personas. Y que arroje la primera piedra aquel que no disfrute de las preferencias que otros nos brindan, no sé, cuando te ofrecen una bebida de cortesía en ciertos restaurantes sólo por tener cierto cargo. O lo que sea. El disfrutar de ello, de los beneficios de un cargo, es algo inevitable, así lo creo yo al menos. El mismo Frodo, personaje de Tolkien, fue escogido a llevar el Anillo pues fue catalogado por los demás como el más indicado por sus virtudes personales. Y al final de la saga del Señor de los Anillos vimos cómo se corrompía su ser ante la cercanía a despedirse del poder. O del anillo. Hasta el más honorable termina viéndose seducido por los beneficios del poder. Y tampoco olvidemos que el poder tiene cierto efecto afrodisiaco. ¿Cómo resistirse ante semejante tentación?
Entonces, como señala Fritz Du Bois de Perú 21, lo importante es delimitar las funciones de aquel que ejerza cierto grado de poder. Que su ego inflado secundario al cargo no le permita tomar decisiones arriesgadas sin contar con el debido proceso de evaluación. Es decir, que haya mayor fiscalización en el cargo que ejecute. Mejores mecanismos de protección para los ciudadanos.
Y volvemos entonces a lo mismo. En los beneficios de la renovación por tercios del parlamento, de eliminar el voto preferencial, en que un partido tenga la opción de remover a tal congresista si va en contra de las políticas partidiarias (que evitaría el transfuguismo). Y algo que debería insistirse, sobretodo a través de la prensa y su gran influencia: Que el Jurado Nacional de Elecciones tenga funciones de sanción, para que aquellos que infrinjan las normas electorales puedan ser sancionados de la manera correspondiente. Pues de lo contrario seguiremos viendo a Carlos Arana, movilizador aprista por excelencia, pero a la vez, ¡Director de Foncodes!, participar de acciones partidarias que favorecen a la candidata oficialista con dinero público, y no podremos hacer nada más que quejarnos de ello. Y así, y sólo así, evitaremos que García siga inmiscuyéndose en la campaña electoral, 'evitando que gane el candidato que é no quiere'. Pero todo esto requiere de reformas de estado. Y ya son 20 años que se habla de lo mismo. ¿Quién podrá defendernos?
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Otro de los cables, el más peligroso según mi humilde opinión, es sobre los tentáculos del narcotráfico en los círculos de poder. Es el caso de los generales Da Silva y Donayre, mencionados en uno de los cables por el ex embajador Curtis como cómplices del narcotráfico en escala macro, cuando la función que debían ejercer era la de comandar la lucha antidrogas. ¡Qué grave resulta esto! Pero claro, la noticia no genera tanto revuelo como sí el ego y el uso de Litio de García. Jorge Bruce nos dice que, en base a lo que ocurre en Colombia y México, es prácticamente imposible ganarle la guerra al narcotráfico, por lo menos con la estrategia de represión. Entonces, como ya mencionaba Mario Vargas Llosa, la despenalización del tráfico de estupefacientes se muestra como el plan B, que romperá definitivamente ese enriquecimiento ilegal de los implicados, acabará con tanta masacre que el narcotráfico genera, tal como ocurrió cuando se puso fin a la época de la Prohibición, y el tráfico de alcohol dejó de ser sinónimo de pólvora y extorsión. Y la educación sobre las drogas hará todo lo demás.
Pues seamos sinceros. Con o sin narcotráfico ilegal, seguirá el consumo de drogas. Lo ideal sería que no haya crimen detrás de ello. Y que quienes opten por el consumo, lo hagan tras un análisis de las implicancias. Total, esa es la definición de libertad, ¿no?