sábado, 17 de septiembre de 2011

De amigos (y de los que perdí)

Caramba. Pues yo no sé exactamente en qué momento, pero que la campaña electoral se colmó de pasiones.
Ya lo imaginábamos, o cuando menos lo esperábamos.
Marco Sifuentes nos advertía de ello un año antes en su pequeña columna de Perú.21, que esta carrera electoral sería de lo más sucio imaginable hasta entonces. Pero, díganme, ¿alguno de ustedes imaginaba la de peleas que se armaron en redes sociales, perdida de amistades, destierros familiares y todo ello?
Porque eso es lo que ocurrió. No sé a ustedes, pero eso me trajo de vuelta y media. Y aún entonces, no sé qué es lo que ha ocurrido. Y quisiera hacer un recuento de todo esto, sin pasiones -si es que existe eso-, y veamos cómo es que fuesto.
Yo siempre he sido, y seguiré siendo -porque me gusta serlo-, un animal dizque político. Por lo cual la mayoría de mis actos traen una pestilencia al mismo. Entonces, ya desde temprana edad, dedicaba mis ratos libres a escribir sobre circunstancias del quehacer nacional, quizá sin mucho público, pero, vamos, eso en verdad nunca fue importante (aunque no he de negar que eran gratificantes los 'Like' y 'Me Gusta' imperantes en Facebook).
Antes del apogeo de las redes sociales en el pseudo activismo político, desempeñábame yo, mediante mails y en reuniones en las cuales algún despistado me daba cuerda, en la polémica tarea de la política. Quizá en un inicio como jugando, sin saber -porque no pensaba que- habría de tornarse en una consigna.
Luego vino la Edad Dorada de los blogs, pero, ¡vamos! Este Blog nunca tuvo acogida -ni la tendrá- así que los escritos no eran más que las blasfemias de un desplumado. Un hobbie, ni más ni menos. "Pero, Bernardo, dale, síguele dando a los escritos, que es bonito que alguien diga lo que otros callan", vociferaban mis más íntimos. Pero la verdad que la trascendencia era ninguna.
Con las redes sociales, pues, vino una exponención no pensada. De resolver preguntas y encuestas vacuas como '¿Qué personaje de los Picapiedra eres?' o de largas horas buscando batir el record entre mis contactos con el 'Crazy Combi', empezaba a escribir -como quien no quiere la cosa- pensamientos o transcriptos propios del acontecer del país. Lo de Bagua fue lo más intenso.
Yo no sé si en algún momento comprendamos lo que pasó entonces. Para algunos será que el Gobierno fue prepontente. Para otros será que el Estado tenía que demostrar que era fuerte. La cosa es que nos matamos entre peruanos, de forma salvaje. Como animales. Ni siquiera eso.
Defendí en esa época la postura del Gobierno. Y Alberto Pizango podrá decir lo que quiera, pero pateó el tablero en el momento de las negociaciones, y eso trajo sangre. Sangre de policías que compartían los panes en espontánea cordialidad con los nativos en la Curva del Diablo, siendo luego cobardemente asesinados. Pero el presidente del Perú en ese entonces, y algunos ministros (como la de Comercio Exterior, Mercedes Araoz), insultaron a los protestantes con artículos ofensivos publicados en el principal periódico del país (El Comercio. El Síndrome del Perro del Hortelano) y en entrevistas a noticieros de cadena nacional. Hoy puedo decir, y pese a haber defendido una posición totalmente contraria a la cual ahora me refiero, que es cierto, el gobierno saliente ha sido el que ha sostenido la relación más conflictiva y perniciosa con la población nativa de toda nuestra historia. Que las facultades extraordinarias que el Ejecutivo solicitó al Congreso para acomodar al Perú al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos -país desde el cual escribo estas líneas- fueron malprovechadas y desvencijadas por un grupúsculo que al parecer, tuvo mayor interés en favorecer a los grandes grupos empresariales (grupos de poder) que en propiciar el respeto a las comunidades indígenas. De hecho, y espero coincidan conmigo en esto, pero los artículos del presidente García pedían "derrotar las ideologías absurdas, panteístas, que creen que las paredes son dioses y el aire es dios. En fin, volver a esas formas primitivas de religiosidad donde se dice no toques ese cerro porque es un Apu, porque está lleno del espíritu milenario y no sé qué cosa..." Pedía DERROTAR esa visión. Yo me considero agnóstico, es decir, sólo creo con firmeza en aquellos aspectos que se pueden demostrar; considero toda otra explicación como creencias, pero esto no significa que crea que estas son falsas o equívocas. Insisto. Respeto a los que creen que existe una vida eterna para las personas correctas, que hubo un hombre admirable nacido de una mujer virgen -algo médicamente imposible, pero bueno-, del mismo modo como respeto a quiénes dan un valor espiritual o sagrado a figuras geológicas. Creo en la importancia de un Estado Laico, pero no pediría DERROTAR creencias que no van con las mías. Porque son creencias, las mías y las de los demás. Digo, ¿no?
Y estos artículos de García, pues encendieron la pradera, como dicen por ahí, y enfrentaron a los 'peruanos de segunda categoría' (otra frase de García' con el resto del país. Yo sigo creyendo que Pizango es un criminal, a quien los intereses políticos llevaron a ensangrentar la cordillera, y quien luego fugó del país, asilándose con figuras del chavismo, y hoy goza de impunidad, bajo el ceño fruncido de un nuevo gobierno, pero que esto pudo haberse evitado. Murieron. Y toda discusión posterior es inútil, pues ese dolor nadie se los quita a los familiares respectivos.
Fue un tema político. Y cuando publicaba en Facebook lo que yo creía, pues los 'Like' y 'Me Gusta' eran cosa de todos los días. Así como el cuestionamiento de amistades mías, a quienes había dejado de frecuentar, por motivos varios. 'Bernardo ahora come con los burgueses', decía uno de los mails circulantes entre estas amistades, el cual, por 'error', llegó hacía mí.
Y en fin, así siguieron los días, yo publicando, algunos simpatizando conmigo, otros ignorándome, y algunos hasta dándome la contra. Pero llegaron las elecciones. Si alguien me decía que en unos meses, amigos a quienes yo quería mucho, de quienes me sentía contento y satisfecho por su amistad, me largarían de su grupo amical, con tarjeta roja cual apestado, pues no lo hubiese creído. Pero pasó. Y les entiendo...

-.-

"Pero entonces, llegaron ellos..."
Todo empezó con la postulación de Pedro Pablo Kuczynski. Ahí empezaron los maleficios.
Todos dirán que los moderados se eliminaron entre ellos, y permitieron que los dos candidatos radicales pasaran a segunda vuelta. Y algunos ensayarán respuestas más insalubres. Yo no seré la excepción.
Siempre he creído que la participación de profesionales de calidad en puestos claves, incrementa las posibilidades de participación de profesionales de primer -o segundo nivel, que ya es algo- en las labores del Estado. Y creía en ese momento que PPK significaba algo de eso. No sólo yo, por lo visto. Hubo toda un colectivo tras de él. Que era un hombre honesto. Que un economista de primera línea. Que la última chupada del mango. Que qué sé yo. PPK proponía un par de cosas concretas para lo que yo creía garantizaría el beneficio de la mayoría de peruanos.
Él habló de formalización laboral, bajo la modalidad de reducción de carga impositiva tributaria por empleado, que favorecería tener mayores trabajadores que gocen de beneficios laborales, sin que esto signifique mayor gasto al empleador. Y bajo ese argumento, mayor recaudación fiscal y con ello mayores posibilidades de inversión en educación inicial y desarrollo humano. Sonaba bonito...
Los otros dos candidatos, Alejandro Toledo y Luis Castañeda, pues proponían exactamente lo mismo, pero, osea, PPK era el técnico, y en eso radicaba su superioridad electoral. Así lo entendíamos el grupo de desubicados a los cuales nos llegó el apelativo de PPKausas. Si supieran. ¡Si tan sólo supieran que renegábamos de la idea de un PPKuy y otras barbaridades! Porque eso ocurría, la idea de explotar el tecnicismo del candidato se vio desplazada por un individuo al que le festejaban el toque de genitales, la pronunciación de palabrotas, y los bailes desatinados.