martes, 22 de noviembre de 2011

Zona de Promesas

Lima, Perú. Con el transcurso del tiempo, es usual la tentación de la retrospectiva, en especial cuando uno considera que ya va haciéndose viejo. Que si el camino es el correcto, que si debería dedicarse menos tiempo a tal o cual actividad, que la familia, que la novia, en fin.
Y no hay respuesta sencilla a eso. Sólo suspiros de resignación, y cruzar los dedos porque las cosas estén yendo bien.
Pero no es eso de lo que quiero hablarles. Tampoco es de política, así que tranquilos.
¿Cuándo ha sido la última vez que han hecho eso que tanto les gusta hacer? Hablo de actividades individuales o colectivas. De cualquier tipo.
Porque, al final -creo yo-, la vida se resume en esas actividades.
¿Hace cuánto que no se permiten un tiempo para ese libro que tanto vienen posponiendo?
¿Hace cuánto no salen a caminar por sus calles favoritas, a beberse una copa en tal o cual bar?
¿Hace cuánto que no visitan a ese amigo o familiar, visita prometida hace ya tanto?
¿Hace cuánto no salen a comprar un buen disco?
¿Hace cuánto no se encierran en la cocina, y se cocinan a sí mismos, o a alguna persona especial, ese platillo que los hace sonrojar?
En resumen, ¿hace cuánto que el trabajo ha dominado casi todos los aspectos de su vida?
Yo no soy un experto en la materia, pero sospecho que uno no se prepara para batallar con ese día a día.
O como graficaba Quino, a veces es absurdo que uno trabaje para ganarse la vida. Y desperdicie esa vida ganada trabajando.
En épocas actuales, sociedades cada vez más competitivas nos quitan mucho de ese tiempo dorado que debería dedicarse a uno mismo. El tan famoso 'Me' Time.
Trabajamos de lunes a sábado, y el domingo lo usamos para descansar.
¿Cómo encontrar armonía entre ello y nuestras pasiones?
Algunos dicen que todo es distinto si uno hace lo que le gusta.
Pero la respuesta no es tan sencilla.
Para ser sinceros, pocas cosas resultan sinceras hoy en día.
Y quizá lo que quiero pedirles, en esta enredadera de palabras, es que tan pronto como sea posible, se den un tiempo para hacer aquello que les plazca.
Y poco importa si son actividades poco ortodoxas o se encuentran dentro del estándar.
Darse un tiempo para sonreír es algo que se merecen todos y cada uno de ustedes.
Pues empiezo a creer que la política poco hace por el bienestar de los hombres. No existe modelo económico perfecto.
Y las migajas no solucionan nada.
Pero una sociedad de personas felices, quizá contagie al resto de ello.
Y una persona contenta, es muy probable que esté dispuesta a apoyar a aquel otro, a quien la vida ha tratado de manera poco decorosa, para quien no existen maneras de goce en el día a día.
Hazte un espacio este fin de semana.
Y sal, camina, come, bebe, baila, grita.
O quédate en casa, y lee, escucha, conversa, cocina.
Pues después de ello continuarás con el día a día, peleando por lograr eso que tanto sueñas -y que quizá a veces olvides qué es-.
Te mereces un momento de placer, pues, 'tarda en llegar, y al final, hay recompensa'...

sábado, 17 de septiembre de 2011

De amigos (y de los que perdí)

Caramba. Pues yo no sé exactamente en qué momento, pero que la campaña electoral se colmó de pasiones.
Ya lo imaginábamos, o cuando menos lo esperábamos.
Marco Sifuentes nos advertía de ello un año antes en su pequeña columna de Perú.21, que esta carrera electoral sería de lo más sucio imaginable hasta entonces. Pero, díganme, ¿alguno de ustedes imaginaba la de peleas que se armaron en redes sociales, perdida de amistades, destierros familiares y todo ello?
Porque eso es lo que ocurrió. No sé a ustedes, pero eso me trajo de vuelta y media. Y aún entonces, no sé qué es lo que ha ocurrido. Y quisiera hacer un recuento de todo esto, sin pasiones -si es que existe eso-, y veamos cómo es que fuesto.
Yo siempre he sido, y seguiré siendo -porque me gusta serlo-, un animal dizque político. Por lo cual la mayoría de mis actos traen una pestilencia al mismo. Entonces, ya desde temprana edad, dedicaba mis ratos libres a escribir sobre circunstancias del quehacer nacional, quizá sin mucho público, pero, vamos, eso en verdad nunca fue importante (aunque no he de negar que eran gratificantes los 'Like' y 'Me Gusta' imperantes en Facebook).
Antes del apogeo de las redes sociales en el pseudo activismo político, desempeñábame yo, mediante mails y en reuniones en las cuales algún despistado me daba cuerda, en la polémica tarea de la política. Quizá en un inicio como jugando, sin saber -porque no pensaba que- habría de tornarse en una consigna.
Luego vino la Edad Dorada de los blogs, pero, ¡vamos! Este Blog nunca tuvo acogida -ni la tendrá- así que los escritos no eran más que las blasfemias de un desplumado. Un hobbie, ni más ni menos. "Pero, Bernardo, dale, síguele dando a los escritos, que es bonito que alguien diga lo que otros callan", vociferaban mis más íntimos. Pero la verdad que la trascendencia era ninguna.
Con las redes sociales, pues, vino una exponención no pensada. De resolver preguntas y encuestas vacuas como '¿Qué personaje de los Picapiedra eres?' o de largas horas buscando batir el record entre mis contactos con el 'Crazy Combi', empezaba a escribir -como quien no quiere la cosa- pensamientos o transcriptos propios del acontecer del país. Lo de Bagua fue lo más intenso.
Yo no sé si en algún momento comprendamos lo que pasó entonces. Para algunos será que el Gobierno fue prepontente. Para otros será que el Estado tenía que demostrar que era fuerte. La cosa es que nos matamos entre peruanos, de forma salvaje. Como animales. Ni siquiera eso.
Defendí en esa época la postura del Gobierno. Y Alberto Pizango podrá decir lo que quiera, pero pateó el tablero en el momento de las negociaciones, y eso trajo sangre. Sangre de policías que compartían los panes en espontánea cordialidad con los nativos en la Curva del Diablo, siendo luego cobardemente asesinados. Pero el presidente del Perú en ese entonces, y algunos ministros (como la de Comercio Exterior, Mercedes Araoz), insultaron a los protestantes con artículos ofensivos publicados en el principal periódico del país (El Comercio. El Síndrome del Perro del Hortelano) y en entrevistas a noticieros de cadena nacional. Hoy puedo decir, y pese a haber defendido una posición totalmente contraria a la cual ahora me refiero, que es cierto, el gobierno saliente ha sido el que ha sostenido la relación más conflictiva y perniciosa con la población nativa de toda nuestra historia. Que las facultades extraordinarias que el Ejecutivo solicitó al Congreso para acomodar al Perú al Tratado de Libre Comercio con los Estados Unidos -país desde el cual escribo estas líneas- fueron malprovechadas y desvencijadas por un grupúsculo que al parecer, tuvo mayor interés en favorecer a los grandes grupos empresariales (grupos de poder) que en propiciar el respeto a las comunidades indígenas. De hecho, y espero coincidan conmigo en esto, pero los artículos del presidente García pedían "derrotar las ideologías absurdas, panteístas, que creen que las paredes son dioses y el aire es dios. En fin, volver a esas formas primitivas de religiosidad donde se dice no toques ese cerro porque es un Apu, porque está lleno del espíritu milenario y no sé qué cosa..." Pedía DERROTAR esa visión. Yo me considero agnóstico, es decir, sólo creo con firmeza en aquellos aspectos que se pueden demostrar; considero toda otra explicación como creencias, pero esto no significa que crea que estas son falsas o equívocas. Insisto. Respeto a los que creen que existe una vida eterna para las personas correctas, que hubo un hombre admirable nacido de una mujer virgen -algo médicamente imposible, pero bueno-, del mismo modo como respeto a quiénes dan un valor espiritual o sagrado a figuras geológicas. Creo en la importancia de un Estado Laico, pero no pediría DERROTAR creencias que no van con las mías. Porque son creencias, las mías y las de los demás. Digo, ¿no?
Y estos artículos de García, pues encendieron la pradera, como dicen por ahí, y enfrentaron a los 'peruanos de segunda categoría' (otra frase de García' con el resto del país. Yo sigo creyendo que Pizango es un criminal, a quien los intereses políticos llevaron a ensangrentar la cordillera, y quien luego fugó del país, asilándose con figuras del chavismo, y hoy goza de impunidad, bajo el ceño fruncido de un nuevo gobierno, pero que esto pudo haberse evitado. Murieron. Y toda discusión posterior es inútil, pues ese dolor nadie se los quita a los familiares respectivos.
Fue un tema político. Y cuando publicaba en Facebook lo que yo creía, pues los 'Like' y 'Me Gusta' eran cosa de todos los días. Así como el cuestionamiento de amistades mías, a quienes había dejado de frecuentar, por motivos varios. 'Bernardo ahora come con los burgueses', decía uno de los mails circulantes entre estas amistades, el cual, por 'error', llegó hacía mí.
Y en fin, así siguieron los días, yo publicando, algunos simpatizando conmigo, otros ignorándome, y algunos hasta dándome la contra. Pero llegaron las elecciones. Si alguien me decía que en unos meses, amigos a quienes yo quería mucho, de quienes me sentía contento y satisfecho por su amistad, me largarían de su grupo amical, con tarjeta roja cual apestado, pues no lo hubiese creído. Pero pasó. Y les entiendo...

-.-

"Pero entonces, llegaron ellos..."
Todo empezó con la postulación de Pedro Pablo Kuczynski. Ahí empezaron los maleficios.
Todos dirán que los moderados se eliminaron entre ellos, y permitieron que los dos candidatos radicales pasaran a segunda vuelta. Y algunos ensayarán respuestas más insalubres. Yo no seré la excepción.
Siempre he creído que la participación de profesionales de calidad en puestos claves, incrementa las posibilidades de participación de profesionales de primer -o segundo nivel, que ya es algo- en las labores del Estado. Y creía en ese momento que PPK significaba algo de eso. No sólo yo, por lo visto. Hubo toda un colectivo tras de él. Que era un hombre honesto. Que un economista de primera línea. Que la última chupada del mango. Que qué sé yo. PPK proponía un par de cosas concretas para lo que yo creía garantizaría el beneficio de la mayoría de peruanos.
Él habló de formalización laboral, bajo la modalidad de reducción de carga impositiva tributaria por empleado, que favorecería tener mayores trabajadores que gocen de beneficios laborales, sin que esto signifique mayor gasto al empleador. Y bajo ese argumento, mayor recaudación fiscal y con ello mayores posibilidades de inversión en educación inicial y desarrollo humano. Sonaba bonito...
Los otros dos candidatos, Alejandro Toledo y Luis Castañeda, pues proponían exactamente lo mismo, pero, osea, PPK era el técnico, y en eso radicaba su superioridad electoral. Así lo entendíamos el grupo de desubicados a los cuales nos llegó el apelativo de PPKausas. Si supieran. ¡Si tan sólo supieran que renegábamos de la idea de un PPKuy y otras barbaridades! Porque eso ocurría, la idea de explotar el tecnicismo del candidato se vio desplazada por un individuo al que le festejaban el toque de genitales, la pronunciación de palabrotas, y los bailes desatinados.

lunes, 4 de abril de 2011

Los peruanos estúpidos

¿En qué momento se jodió el Perú? He ahí el dilema.
Los peruanos son estúpidos, dicen.
En estos días escucho repetirse esta frase con bastante frecuencia.
Y todo a raiz de las preferencias electorales de un porcentaje significativo de peruanos. Peruanos estúpidos, claro.
Y son estúpidos porque, al no estar conformes con un modelo económico del cual no perciben el menor beneficio, o peor aún, del cual están excluidos y se sienten burlados por el mismo, quieren que las cosas cambien para ellos.
¡Pero qué estúpidos!
Y claro, estúpidos ellos, votan por alguien que viene con promesas de cambio. ¡Habrase visto semejante estupidez!

-.-

Se han hecho ya varios diagnósticos sobre por qué se desató la guerra interna, la guerra intestina que tiñó de rojo los andes de nuestro estúpido país.
Y la palabra que se repite con frecuencia, es exclusión.
Exclusión.
La exclusión llevó a nuestra estúpida nación a desangrarse.
Las víctimas, paradójicamente, fueron en su mayoría los excluidos.
Pero, ¿a quién le importa un puñado de indios estúpidos?
Es hora de voltear la página, dicen algunos -los inteligentes-.
Si la exclusión fue la causante de esa guerra en la que murieron muchos estúpidos, y gracias a la cual la violencia llegó a la ciudad, a perturbar la tranquilidad de los limeños inteligentes, pues entendemos que algo ha de haberse hecho para cambiar esa situación.
Digo, ¿no?
Y se formó una comisión, formada por intelectuales muy inteligentes -algunos con sangre estúpida también- para aclarar los eventos que ocurrieron en esas décadas infames.
Y se le puso un nombre emblemático: Comisión de la verdad.
Pero a los inteligentes no les gustó el informe final de dicha comisión, ni mucho menos sus recomendaciones.
Cuestionaron la labor, la motivación, cuestionaron que algunos de los comisionados tuvieran sangre estúpida, y en fin, quedó en nada.
En otros países, donde no existe tanta diferencia entre estúpidos e inteligentes, comisiones similares han llevado a la reconciliación. Pero acá no.
Entonces, dijeron los más inteligentes, es mejor pasar la página.
La exclusión generó la guerra interna.
Y nada se hizo, nada sustancial por desestupidizar a los estúpidos.

-.-

Ya sin guerra civil que perturbara la tranquilidad de los inteligentes, sin coches bomba ni apagones, pues vinieron épocas de bonanza para regocijo de los inteligentes.
Alguno de ellos recordó que, sí, en algún lugar hay algo así como seres estúpidos, o no sé.
Bueno, a esos estúpidos se decidió darles las migajas del banquete que venían recibiendo.
A este modelo económico se le llamó chorreo.
"¡Los estúpidos ahora ya no son tan pobres!", ladraba el presidente de los inteligentes, quien curiosamente llegó al poder explotando su fisionomía de estúpido, pero resultó un inteligente de lo peor.
Pues claro, viendo el análisis, si antes vivían con 3 soles al día, ahora vivían con 5.7 soles. Ya no eran pobres extremos los estúpidos.
El punto que diferencia pobre extremo de pobre simplemente -pero estúpidos, obviamente- es si vivían con más de un dólar al día.
Y regocijo, y baile, y Johnie Walker Blue Label, para festejar por lo caritativos que son los inteligentes para con los estúpidos.
Y así siguieron varios años más...

-.-

Pero, de repente, cuando los inteligentes estaban en el sopor de su complacencia, disfrutando del goce de una economía para inteligentes, donde el más fuerte -el más criollo- recibe más, y con una lucha encarnizada por no tener apariencia alguna de estúpido, en las cercanías del periodo electoral, vieron que un 25% de personas querían que se cambie el modelo económico.
Modelo hecho por inteligentes y para inteligentes -claro está-.
¿Qué cosa?
¿Pero qué tienen estos perros estúpidos?
¿Acaso no se dan cuenta que las cosas así están mejor?
¡Pero si son estúpidos! ¡Se contentan con un calendario y una bolsa de arroz!
Pero era cierto. Entre las personas que querían un cambio de modelo económico, la mayoría eran estúpidos.
Aquellos que no habían percibido los beneficios del modelo inteligente.
Cuyos ríos habían sido contaminados con mercurio por las mineras, y trabajaban en services, o bajo regímenes informales.
Trabajo para estúpidos, que le dicen.
Decidieron apostar por un ex militar -quien, paradojas de la vida, tenía denuncias por haber torturado estúpidos-, que les prometía luchar por ellos.
Los sedujo con un lenguaje fácil, para estúpidos, con promesas de cambio, de respeto.
¡Estúpidos! ¡Se dejan enamorar por cualquiera!
Y el ex presidente que les mencioné líneas arribas les decía, 'voten por mí, porque tengo cara de estúpido, sangre de estúpido. Voten por lo seguro, no por el retroceso que este militar les ofrece'.
Algunos estúpidos creyeron en el ex presidente.
Otros, los más estúpidos, esos que no tienen nada que perder, decidieron apostar por el ex militar, de quien se dice, que es un bien intencionado, pero no tiene ideas muy claras de qué hacer para cambiar la situación estúpida del grueso de la población.

-.-

El ex presidente seguía pidiendo que voten por él, pero el mensaje ya no era para los estúpidos. Era para los inteligentes. 'Si el portavoz de los estúpidos gana, será el retroceso'.
Creo que lo que les quería decir era, que peligraba el modelo económico inteligente, que peligraba el bolsillo de los inteligentes, y la forma de vida de goce a la que ya estaban acostumbrados.
Se polarizó al país.
Inteligentes versus estúpidos.
Sin embargo, ojo con este detalle, ninguno de ellos explicaba muy bien qué haría.
El líder estúpido hablaba de cambio y renegociaciones, pero no estaba claro si eso se traduciría en beneficios a la larga para la clase estúpida.
Y el líder inteligente -el ex presidente- simplemente hablaba de continuar el modelo económico, pero aumentar el regalo de migajas, quizá algo de panes enteros, quizá, pero ocasionalmente, para los estúpidos.
Para que no ladren, las bestias esas, inmundas, estúpidas, pestilentes.
Y así transcurrieron los días, entre el voto seguro y el retroceso.
Pero, ¿qué se haría por los estúpidos? Creo que nadie lo sabía.

-.-

Entre tanto, apareció una nueva figura.
Provenía del entorno inteligente, líder reconocido de los inteligentes, y que había sido ministro del ex presidente.
¡Pues seguro que viene a defender el modelo inteligente!
Y no se equivocaban. Con un discurso fácil, empleando tácticas que fácilmente captaban a los inteligentes más jóvenes, fue creciendo su popularidad hasta alcanzar cifras considerables.
Y este nuevo intelectual, hablaba de reorganizar la economía bajo el modelo inteligente, pero traía ofertas novedosas para mejorar la calidad de vida -a futuro- de la raza estúpida.
Pero la gente prefirió no escucharlo.
No tenía cara de estúpido. Tenía toda la apariencia de un inteligente de aquellos, de los de antaño, feudo y colonia.
Yo, que quiero creer que aún sigo siendo estúpido, decidí aprovecharme de la propuesta de este nuevo inteligente.
Si aplicábamos esas tácticas económicas, y las invertíamos PLENAMENTE en los estúpidos, quizá, quizá en un futuro, estúpidos e inteligentes podrían convivir bajo la misma justicia social, como en los otros países, donde ser estúpido no es ningún defecto ni carga. No tiene importancia.
Porque con las propuestas del ex comandante y el ex presidente, no había nada claro. Quien se perjudicaba de una u otra manera, era el estúpido.

-.-

Por eso mi congoja actual.
Creo que este nuevo candidato no conseguirá la presidencia.
Y no podré aprovecharme de su inteligencia a favor de los estúpidos.
Y las cosas seguirán iguales.
Y en algún momento mis queridos estúpidos se hartarán.
O qué se yo.
Estúpidos e inteligentes.
Y viceversa.
¿En qué momento se jodió el Perú?
¿Y por qué no hicimos nada por cambiarlo?