domingo, 10 de agosto de 2014

Sunday Morning - Capítulo 5

Se sentía cansado. Exhausto.
Tenía 28 años, y había experimentado ya el desencanto de los ideales.
De participar del activismo político en épocas universitarias.
De largos y furibundos debates.
Se sentía tan cansado.

El cambio de carrera fue para él una de las decisiones más difíciles en las que se vio involucrado.
Dejar Sociales. Dejarlo. Tres años que quedarían en nada.
Empezó en el diario con ayuda de un amigo de épocas del colegio. Artículos menores.
Luego las cosas siguieron fluyendo, y ahora ya tenía su propia columna, seguidores en Twitter y hacía poco que empezaba en la radio.
Las entrevistas. Sabía lo que debía hacer. Entrevistas que ponían en aprietos al entrevistado... pero sin ponerlo en aprietos.
Los directores de los medios lo apreciaban. Era rentable sin ponerlos en aprietos.
Él lo sabía y eso lo agotaba...
Qué difícil resultaba anularse de a pocos.
Las respuestas vagas que daba el alcalde, y él no contraatacaba. Podía hacerlo, pero eso incomodaría al director, al público.
Esa dificultad era demasiado para él, estaba harto. Se sentía tan cansado.

Y al igual que del trabajo, estaba harto de ella. Harto de complacer a sus jefes, de complacerla.
De esperarla, de su malcrianza.
¿Qué había pasado?
En su adolescencia él habíase distinguido por su irreverancia -era el que más follaba del grupo-. Ahora vivía en ese conformismo que lo carcomía.
La detestaba. Detestaba esa inseguridad que se manifestaba cuando estaba frente a ella.
En la radio, se sabía todopoderoso: preguntaba y dejaba de preguntar a su antojo. Aún las mentiras las tomaba como suyas, resultado de su mayéutica, de su inquisición.
Con ella... Con ella era diferente.
Es peligroso eso de abrirse a alguien.

Se puso a pensar en las épocas universitarias. En las marchas.
¡Cuán vivo se sentía entonces!
Marchar por la caída del régimen. Encontrarse con las chicas de La de Lima, de la Católica. Sentirse admirado. Ser progresista era un plus en ese entonces.
Era tan popular ser de izquierda entonces.

- Simón - dijo el productor. - Simón, tenemos un invitado especial para esta semana.
- Dime - dijo él.
- Martín Bossio, el de El País. Está en Lima y ha aceptado una exclusiva.
- No jodas, Negro. ¿En serio? ¿Para cuándo?

La vida era una mierda en Lima en invierno. Y Manuela amaba Lima, la gris.
Simón -cómo no- odiaba a Manuela y a Lima en invierno...

lunes, 28 de enero de 2013

Sunday Morning - Capítulo 4

(Lima, Perú)
-¡Ay de aquel hombre que se enamore de ti!- dijo la tía Pocha, y Manuela se sintió muy satisfecha. Se sabía indomable, imbatible. Única. Esa había sido su característica, su sello personal. Poseedora de una inteligencia abrumadora, su ideario y credo eran difíciles, muy difíciles de contrariar. Quizá por ello fue expulsada del colegio católico en el segundo de media; era inconcebible para ella eso de un parto en una mujer inmaculada, un insulto al raciocinio. -Eres hija de tu padre, pues- sentenciaba la tía Pocha.

En aquellos años se hablaba de la Revolución. Cuba y China eran los tópicos de discusión frecuentes en aquellas cenas, repletas de señores barbudos. -¿Quiénes son ellos, papi? -preguntaba Manuela, intrigada ante la invasión de seres tan pintorescamente sombríos. -Ellos son los hombres más puros de este país, Manu- respondió. "Puros". ¿A qué se refería con "Puros"? 

Manuela devoraba los libros. Los consumía sin pudor, con descaro. Era respetada y temida. No porque su padre fuera diputado. No. Sino por su inteligencia. Pese a esa hermosa piel canela y su nariz respingada, era la erudición su principal sex appeal. Sin embargo, el apellido compuesto de su padre le generaba no pocos problemas, al menos en una sociedad tan conservadora como la limeña. Prefería las discusiones políticas en el campus de La Católica a los desplantes y cuestionamientos que le hacían en la Plaza Bolognesi. Y vaya si eso le dolía; no se puede hablar de revolución desde la ciudad, no si posees un apellido compuesto.

Manuela pasaba las noches en la terraza de la casa de Miraflores, cerca a la Diagonal. Escuchaba a Atahualpa Yupanqui y creía que la Revolución estaba cerca. No veía las horas en las cuales se iniciara la lucha del campo a la ciudad, y acabar con todo espectro de burguesía. Disfrutaba de esa idea entre clandestinos cigarrillos ecológicos, en el cobijo del invierno limeño. Qué hermosa que era Lima en el invierno. "Puros". ¿A qué se refería con "Puros"? 

Aquella mañana de junio llegó la noticia. El ex-diputado había sido asesinado junto a su esposa. Sólo figuraba un cartel que decía "Den Xiao Ping". Manuela entendió inmediatamente. No asistió al funeral, no. Llamó a la tía Pocha diciéndole que cogía el primer vuelo hacia Madrid. Tras colgar el auricular estalló en llanto. -Revisionistas- pensó, y llamó a Genaro.
-Genaro, me voy- dijo con voz inquebrantable.
-Manuela, Ud. sabe más que nadie lo importante de la unidad en estas circunstancias. Lamento lo acontecido, pero esto no puede desviarnos de nuestros objetivos...
-No, Genaro, no- dijo, y tomó fuerzas para continuar sin derrumbarse. -Vanguardia podrá continuar sin mí, y ciertamente sin Ud., Genaro, pero he sido dañada de por vida.
-El Diputado es uno de los hombres más puros que he conocido en mi vida...
-Nunca vuelva a repetir eso, Genaro. Jamás se exprese así de mis padres, ¿me oye? El Partido y esta puta Revolución se pueden ir al carajo y más allá-. Genaro colgó el auricular.

No pasó mucho tiempo hasta que se reincorporara al activismo en Madrid. -Eres hija de tu padre- dijo riendo la tía Pocha. Se inscribió en Ciencias Políticas en la Complutense y resaltó rápidamente. Y disfrutaba esa sensación. No el resaltar, sino el anonimato. Ya no era más una muchacha burguesa jugando a la Revolución. Era una inmigrante, alguien sin historia, una más en la Madre Patria.

Una mañana del mes de mayo, hojeaba un diario peruano cuando dio con la noticia que Genaro había sido apresado y ajusticiado. Genaro había sido un hombre puro, ella lo sabía. Aparentemente tras su miltancia en el MIR había decidido pasar a la clandestinidad y había participado activamente de ese nueva guerrilla. Genaro había sido un hombre puro...
-Me encanta tu trasero- dijo Martín.
-Me voy- dijo ella, mientras se levantaba de la cama.
-Pues pensé que íbamos a pasar el fin de semana juntos, caramba...
-Son cosas que no entenderías, Martín...
-Al carajo con eso. ¡Al carajo tus putadas izquierdistas y pseudorevolucionarias! ¡Me tienes hasta los cojones!
-Martín, te pido me entiendas...
-Lárgate de aquí, revisionista...
-¡Martín!
-Lárgate de aquí...

Martín sabía cómo herirla. Nada podría doler más a Manuela que el que alguien la considerara revisionista. Y entonces entendió que lo había sido. Probablemente Genaro pensó lo mismo antes de colgar el teléfono. Manuela no tenía ideología; era una niña rica jugando a la Revolución. Entonces se supo perdida, pues Martín sabía todo sobre ella, sus debilidades. Martín no la admiraba ni mucho menos. Estaba sola en Madrid; la tía Pocha había fallecido hace un par de años de una embolia. 
Cogió el primer vuelo a Lima. Y pensó en cuán avergonzado hubiese estado el Diputado de ella. Él tan puro. Ella tan revisionista...



jueves, 24 de enero de 2013

Lima, intranquila niña loca*

(Lima, Perú) Bellos son los árboles del Olivar, riquísimos -nótese el peruanismo- los Pisco Sour dobles. Hermoso escuchar un tondero. Placeres. Lima es compleja como toda mujer. Difícil entenderla; fácil de odiar pero imposible vivir sin ella. Lima, ciudad de Reyes.

Pero aceptémoslo, Lima está podrida por dentro.

En la ciudad que yo quiero, los vehículos respetan las líneas peatonales y no abusan de sus bocinas. Los choferes de los buses de transporte público gozan de beneficios laborales, pues sus empleadores pertenecen a empresas registradas, pagan impuestos y están sometidos a reglamentos estandarizados. En la ciudad que yo quiero se generan vías de transporte masivo, intercomunicadas y ordenadas. Lleva, lleva...

En la ciudad que yo quiero, los pobladores de estratos socioeconómicos menos favorecidos acuden a mercados mayoristas con alimentos y productos óptimos para el consumo humano, bajo estándares internacionales de higiene y salubridad, donde los comerciantes laboran libres de extorsiones de las grandes mafias. La Parada...

En la ciudad que yo quiero, no se discrimina a nadie por credo, raza, opción sexual o ideología. Y sus gobernantes promueven una lucha contra todo tipo de exclusión. Y sus pobladores condenan cualquier forma de racismo y no acuden a clubes o instituciones con denuncias previas de discriminación. Las mucamas jamás usan uniforme, y nadie les prohíbe el acceso a playas o exige que usen un baño distinto. Este fin somos en Aura, ¿no, huevona?

En la ciudad que yo quiero, se fomenta la lectura, el arte y el deporte. Sus pobladores acuden en forma masiva a los festivales de cine, música, literatura en lugar de Mistura o exposiciones de carros, y no al revés. Y sus gobernantes democratizan el acceso a los mismos. Qué hermoso resulta saber que ese esplendoroso tondero de Gabriel Alegría que acabo de disfrutar en el Olivar también fue presentado en Villa El Salvador y San Juan de Lurigancho. ¿No es esto parte de la justicia social? ¿O es que sólo importan las escaleras?

En el país que yo quiero, las autoridades rinden cuentas de sus actos. Los portales de transparencia virtuales están actualizados y los gobernantes son honestos. No ponen sus nombres en las obras, pues estas fueron hechas con los impuestos y tributos de sus pobladores. No ceden a la componenda política. Y, ciertamente, por ello mismo, fiscalizan los aspectos controversiales de anteriores gobiernos. Y pensar que se planteó la revocatoria a la semana siguiente del anuncio del informe sobre Comunicore. Pragmatismo, compadre...

En la ciudad que yo quiero, importa el respeto al prójimo. La basura se deposita en los compartimentos adecuados, se cede el asiento a los ancianos y personas con discapacidad en los buses, se respeta al turista extranjero y nacional, se alienta a la blanquirroja en el Nacional, se disfruta de un pisco en el Queirolo, se goza del rock peruano en La Noche, o se fuma un cigarro ecológico en la Plaza San Martín. Las diferencias se solucionan conversando. Conversando...

Y yo no sé Uds., pero creo que la actual alcaldesa  ha venido haciendo mucho de lo arriba mencionado. Sí creo que Lourdes Flores y el PPC lo hubiesen hecho mejor. Quiero creer que nadie extraña a Kouri. Porque creo en todo esto, y porque veo los resultados (¿alguien ha ido a La Herradura o La Parada últimamente? Yo sí), digo, esto no debe parar. Lima no es cemento. Lima es una mierda que busca ser ciudad. Esa es la ciudad que yo quiero. Por eso digo NO...

*Título tomado de una composición del magnífico cantautor peruano Piero Montaldo


miércoles, 16 de enero de 2013

Sunday Morning - Capítulo 3

(Washington DC)
Se quedó mirando al techo fijamente. Nada en particular, simplemente mirando el techo. Sonaba lejano el disco de Fito y los Fitipaldis, que provenía del estéreo de la sala. -Oh, mataría por un poco de Serrat-, pensó. ¿Cuánto tiempo se quedaría esta vez?
Siempre había sido un alumno aplicado, obtenido buenas calificaciones, querido por sus profesores. Siempre había sido así. La vida fuera de las aulas le era más complicada. Por ello prefería los ambientes académicos, donde era respetado y admirado. Entonces, había tratado de compensar el poco éxito con las mujeres y sus relaciones con el éxito profesional; cada artículo que publicaba, capítulo que escribía, título que obtenía, libro que leía, conferencia internacional que dictaba, cada una de estas cosas eran para él las mujeres que le faltaban. Era un conquistador de mujeres imaginarias.
Había pasado la infancia en Jesús María, por la San Felipe. Su niñez fue simpática, y siempre la recordaba con mucho cariño. Con mucha nostalgia. Solía jugar con los muchachos del barrio a disecar insectos, y luego volvía a casa alrededor de 6 pm para tomar la leche. Fue en una de esas oportunidades que descubrió la otra cara de la vida. Estaba a punto de iniciar una batalla a muerte, rusos versus americanos -él estaba, por supuesto, en el ejército de los rusos- y creyó importante estrenar una escopeta que su tío Pancho le había regalado por navidad; fue a casa temprano y encontró a sus padres discutiendo. Esto era inusual. No que estuvieran discutiendo, sino que su padre estuviera ahí.
-Me tienes podrida. ¿Por qué no te largas de una buena vez?
-Consuelo, tenemos que pensar como adultos...
-¿Adultos? Tamaño descaro que tienes. ¿Qué va a pensar el muchacho cuando le diga todo esto?
-Consuelo, vamos, no se tiene por qué entrar en detalles...
-Ah, por supuesto que no. Sólo le diré: "hijito lindo nos vamos del país porque el hijo de perra de tu padre insiste en jugar a la revolución".
-Tú sabes que lo hago por Uds. Las cosas se están poniendo calientes afuera, y pueden haber problemas. El General lo sabe, un día de estos cae el régimen, y todos los que lo apoyamos nos vamos a la cana. De cualquier modo, el muchacho es inteligente, crecer allá le va a permitir un mejor futuro...
-Pinga de comunista que eres tú, ¿eh? Hablas de nacionalismo y quieres que tu hijo crezca en Europa...
-Me voy a casar, Consuelo-. Ella lo miró fijamente, mientras una lágrima caía por la mejilla. Nunca había sentido tanto odio por alguien.
Cuando regresó al campo de batalla, ante el recriminamiento de sus compañeros por la demora, dijo que pelearía junto a los americanos. El gordo Félix le dijo que se vaya a la mierda, que las reglas ya estaban puestas, pero tal discurso fue interrumpido por un puñetazo, el único que diera en su vida, ante la sorpresa de todos. Nunca olvidaría la paliza que el gordo le inflingió aquella tarde.
¿Por qué recordaba ahora todo esto? Eran curiosas las cosas que pasaban por su cabeza cuando terminaba de follar. Entonces comprendió todo: Ese odio visceral al comunismo, que tan bien lo había plasmado en artículos inolvidables -como cuando apoyó a Aznar, por ejemplo-, no eran sino artículos dirigidos a su padre. Se sintió avergonzado. -Dios, necesito un cigarro- pensó cuando el celular de carcasa lila empezó a vibrar.
-Martín, ¿me pasas el iPhone, please?

lunes, 14 de enero de 2013

Sunday morning - Capítulo 2

(Chicago, IL)
Antonio se miró en el espejo, y sonrió satisfecho; las cosas no podían irle mejor. Era joven, carismático, con un futuro bastante promisorio. Y, por supuesto, un talento único para conquistar mujeres. Se puso su remera favorita, y salió rumbo a su vehículo, un Mustang del 77, a salir por la ciudad sin rumbo fijo. Desde pequeño disfrutaba él de esa independencia, ser dueño de su destino. Dueño de sus pasos, dueño de sus pasiones. Conectó el iPod al reproductor del carro, y Sunday Morning de Maroon 5 invadió el interior del bólido.
Entonces, el adormecimiento en todo el brazo izquierdo reapareció. Intentó olvidarlo, creer que era algo postural, pero, no podía ignorarlo. Simplemente no podía. -La conchadesumadre- murmuró, mientras pisaba el acelerador. Y los recuerdos fueron aún más intensos. Cuando tenía 25 años, fue hospitalizado en un hospital de Manhattan, sometido a múltiples estudios, muchos de los cuáles le parecían estúpidos. -Ellos sólo quieren quitarme todo el dinero, ¿sabes? -le comentó en una oportunidad a la Rochi. -Toño, deja que los médicos hagan lo que saben-, sugirió ella. -No, Rochi, no. Osea, si el problema está en mis ojos, ¿qué hacen tomando resonancias a mi columna? Son peores que los peruanos, por Dios...
Manejaba a 80 por hora. Y amaba esa sensación. Siempre lo había hecho, ser dueño de sí, invencible, único. Giró por la 28 de julio cuando lo vio.
-¡Hey, Simón!- gritó a viva voz. Simón maldijo en silencio. -¿Qué haces por acá, tremendo hijo de puta?- agregó con su magnífica sonrisa.
-Toñito, caramba, qué inesperado. Yo...
-Hombre, el clima está de terror. ¡Vas a morir congelado aquí! Sube y vámonos por ahí, ¡yo invito!
-Oh, gee, Toñito, gracias por la invitación, pero, estoy esperando a la Manu...
-¿Y vas a esperarla aquí, en plena Era del Hielo? Llámala y dile que se encuentran en otra parte, huevón-. Simón maldijo en su interior. ¿Por qué le era tan difícil decir que no? -Simón, hombre, ¿qué pasa? -añadió. Simón subió al Mustang con los ojos llenos de lágrimas. -La conchadesumadre, Simón. ¡La conchadesumadre!
Tenía 25 años, y el futuro le sonreía. Había vivido compartiendo un departamento con 2 personas más. Por fin podría mudarse a Manhattan, vivir quizá en el Midtown, todo un yuppie. Era querido y odiado, signo inequívoco de progreso. Estaba él en una reunión en casa de uno de los directivos, cuando ocurrió. Desde pequeño había aprendido que el éxito consistía en nuna mostrar debilidad, así que se excusó y sólo atinó a llamar a la Rochi; era con ella que podía confesar su vulnerabilidad. Tras la estancia en el hospital, consideró que su periodo en New York había terminado. -Toño, carajo, escúchame- le había dicho la Rochi. -No puedes rendirte por eso, todo lo que deseabas empieza a realizarse y la estás jodiendo. -No, Rochi. Tú sabes qué está pasando, y no puedo dejar que ellos me vean así-. Cogió el primer vuelo a Lima la mañana siguiente. 
-Simón, cholo, no sabes a quién me encontré el otro día.
-Obvio que no lo sé. Es estúpido si pretendes que lo adivine...
-Tranquilo, cholo, que yo acá no tengo culpa-. Simón maldijo una vez más.
-Discúlpame, Toño, es verdad, discúlpame, no quise decir eso...
-Sorry que me meta, cholo, pero, ¿por qué no la dejas? Simón, cholo, eres una persona fabulosa, la más inteligente y correcta que conozco...
-Eso sólo significa que no conoces mucha gente inteligente o correcta...
-Eres guapo, cague de risa, tu carrera está despegando...
-Hablas huevadas...
-La conchadetumadre, huevón. Yo no sé qué tienes con ella, pero te ha jodido la cabeza. Estás embobado, embrutecido. Y no puedes seguir así. Bueno, como sea, me encontré con Loretta. Me preguntó por ti...
Simón maldijo en silencio.

domingo, 13 de enero de 2013

Sunday morning - Capítulo 1

(Louisville, KY) 
-Manuela, te estoy esperando hace más de media hora- dijo Simón al otro lado del auricular. -¿Dónde estás?
-Cholito, el tráfico está hecho una pinga, que no tienes idea, pero ya estoy cerca-. Manuela colgó su iPhone de carcasa violeta -combinaba con sus magníficas uñas- mientras se desperezaba en su cama. Eran las 10.44 de la mañana, la neblina se visualizaba por la ventana y ella se preguntaba si bañarse o no. Total, Simón igual habría de esperarla, jamás la abandonaría. No era una relación democrática; ella era quien manejaba a su antojo el libreto de la misma, pero el inconsciente le recomendaba no pensar demasiado en ello.
Era una fría mañana miraflorina. Simón caminaba de un lado para el otro mientras pensaba en por qué no era capaz de dejarla. Siempre llegaba tarde, siempre era él quien tenía que complacerla, vestirse como a ella le gustaba, etc. Había dejado de fumar porque a ella le apestaba el humo del tabaco. -Esa fue una buena decisión-, pensó Simón.
¿Por qué no podía dejarla? Cuando Simón tenía 14 años, salía con Miranda, que era un año mayor que él. Este era el más grande logro que hasta entonces había conseguido: era el que más fornicaba de todo el grupo. Era admirado y envidiado. Él amaba esa sensación.
Manuela salió de la ducha, y mientras empleaba las toallas blancas que había comprado una semana atrás, sonó una de las señales de alerta de su iPhone con carcasa lila: Había recibido un e-mail. Grande sería su sorpresa al ver que era un e-mail proveniente de Martín, con quien no se comunicaba por lo menos hace 9 meses y que había sido muy complicado para ella sobrellevar dicha ruptura. -¿Qué puede querer?- pensó. No se atrevió a revisar el contenido del mismo. Algo dentro suyo le impedía hacerlo. Se puso a pensar en Simón.
Detengámonos acá un momento. ¿Por qué no lee el e-mail? ¿Y por qué piensa en Simón? La respuesta más evidente es que teme que el contenido del e-mail afecte su estabilidad emocional, y afecte su relación con Simón. Ella sabe del poder que tiene Martín sobre ella. De cómo domina sus pensamientos y acciones. De cómo le es imposible decirle que no. Sabe que si Martín le dice que está en la ciudad, ella terminará acostándose con él. Simón nunca se enteraría, e incluso si así fuera, la perdonaría. Manuela es la Martín de Simón. Entonces, ¿por qué el temor? Se acueste o no con Martín una vez más, su relación con Simón no variaría en absoluto. Entonces, quizá teme volver a entusiasmarse sobremanera con Martín, y que este vuelva a irse, como siempre lo hace, a Madrid. Y ella quedaría devastada una vez más. Pero, no es eso lo que la aterra, pues, por perniciosa que dicha relación resultaba, aún así ella lograba disfrutar de Martín. Disfrutar de él. Entonces, ¿por qué no lee el mail?

...



viernes, 11 de enero de 2013

Recuerdos en el Aire

(Chicago, IL) Recuerdo cuando Lourdes Flores Nano trazó la línea divisoria entre la decencia y la corrupción, en las municipales del 2010. Recuerdo a los que deseaban ver a Kouri en la Casa de Pizarro (que, seamos honestos, si Pizarro fue un choro de aquellos, era lógico pensar en que Kouri habría de sentirse cómodo ahí); no dejo de pensar en los que quedaron con la sangre en el ojo cuando Kouri tuvo que desistir de postular; recuerdo cuando revelaron los audios con la ayuda fanática de Bayli. Recuerdo todo ello, lo que buscaban. Lo que no consiguieron...

Y ya que hablamos de Pizarro, pues recuerdo la historia de los 13 del Gallo, de la línea divisoria que definiría quiénes seguían al "Conquistador" y quiénes se hacían pipí en los calzones.

O me acuerdo de las lecturas sobre cuando llegaron a Cajamarca, salivando por el oro, y bajo engaños se apoderaron de todo ello, sin respetar acuerdos, sin importar las muertes. Abundan los datos sobre todo lo que se llevaron. Hablo de los últimos días de Atahualpa, por si acaso. Aunque Conga suena familiar...

Recuerdo cuando hicieron caer al primer gabinete, trampa sucia pero astuta. Atahualpa Humala ya jugaba muy cómodo al ajedrez con los españoles de Yanacocha (analogía hecha por Dargent), y se desdibujaba la Gran Transformación. Recuerdo a los muertos, recuerdo los editoriales sanguinarios limeños. Ignorantes les decían; el Perro del Hortelano continuaba...

Recuerdo cuando a la primera semana de iniciado su gobierno, ya se hablaba de revocatoria. ¿Por qué la odiaban tanto? ¿Por ser de izquierda? ¿O era el temor por lo que se venía? Comunicore, denuncia comandada por Du Bois -quien ahora es uno de los más rabiosos defensores del otrora denunciado-, parecía que saldría a la luz. Pero la derecha política es muy sólida. No requiere de partidos, requiere de dinero: un par de editoriales, canales de TV, la radio de ese viejo con barbas de chivo y decencia de roedor, influencia en todos los poderes del Estado, etc., lo que les ha permitido por siempre y hasta ahora el salirse siempre con la suya. Quieren liberar al chino, a Vladi -lo extrañan-, alaban a San Villa Stein, desean que se fusile a los comisionados de la CVR y que PPK sea el nuevo Beltrán. Son los hijos de quienes odiaron a Condorcanqui por revoltoso, a Cáceres por juntarse con indios, a Velasco por no sentarse a pactar. Hacen lo que les viene en gana. Son los mismos de siempre, que siempre andan en los mismos negocios. Los mismos apellidos...

Recuerdo a quienes los apoyaron, con los mismos argumentos de siempre. ¿Cómo se puede comulgar con esa doctrina que acepta el robo mientras se realicen obras? Se consideran pragmáticos; me pregunto si sonreirán satisfechos cuando sus hijos se embriaguen de la cultura de la pendejada. Es fácil saber qué periódicos leen -o cuáles no-, pues ladran las mismas razones que los editorialistas. Creen que el Perú ya es parte del primer mundo, que los pobres lo son porque así lo quieren y que el que tiene plata puede hacer lo que le venga en gana. O se consideran realistas y hablan de estadísticas y evidencias, pero olvidan intencionalmente los indicadores que denuncian su miopía. Son los mismos, los de siempre. La derecha política es muy efectiva con sus dogmas...

Entonces caigo en la cuenta que, este 17 de marzo se juega mucho más de lo que creía. Pues podría venir otro alcalde y continuar -no lo creo- las reformas iniciadas. Y algo de cemento, que eso le gusta a la gente, además de Al fondo hay sitio y el Dakar. Ah, claro, e irse al sur para estar en la onda.
Se juega más pues, es otra vez, y en forma más explícita, un nuevo duelo con los canallas de siempre, los mojigatos de la concha, los fariseos de la yuca y la leguleyada. Es una oportunidad de ver si se les sigue permitiendo que hagan lo que les viene en gana, cagarse en razones y en el prójimo, reafirmarles que son intocables. No sé si yo esté en lo correcto, pero si sé que ellos están equivocados en forma descarada y pornográfica. Son los cancerberos de los Business Track, Comunicore y los narcoaviones. Los hijos de puta que se autodenominan liberales y no son más que émulos de Pinochet. Los Tea Party peruanos...

Hay mucho en juego. No sé Uds., pero yo ya estoy harto de sus excesos y cochinadas. Marcaré el NO...