(Louisville, KY)
-Manuela, te estoy esperando hace más de media hora- dijo Simón al otro lado del auricular. -¿Dónde estás?
-Cholito, el tráfico está hecho una pinga, que no tienes idea, pero ya estoy cerca-. Manuela colgó su iPhone de carcasa violeta -combinaba con sus magníficas uñas- mientras se desperezaba en su cama. Eran las 10.44 de la mañana, la neblina se visualizaba por la ventana y ella se preguntaba si bañarse o no. Total, Simón igual habría de esperarla, jamás la abandonaría. No era una relación democrática; ella era quien manejaba a su antojo el libreto de la misma, pero el inconsciente le recomendaba no pensar demasiado en ello.
Era una fría mañana miraflorina. Simón caminaba de un lado para el otro mientras pensaba en por qué no era capaz de dejarla. Siempre llegaba tarde, siempre era él quien tenía que complacerla, vestirse como a ella le gustaba, etc. Había dejado de fumar porque a ella le apestaba el humo del tabaco. -Esa fue una buena decisión-, pensó Simón.
¿Por qué no podía dejarla? Cuando Simón tenía 14 años, salía con Miranda, que era un año mayor que él. Este era el más grande logro que hasta entonces había conseguido: era el que más fornicaba de todo el grupo. Era admirado y envidiado. Él amaba esa sensación.
Manuela salió de la ducha, y mientras empleaba las toallas blancas que había comprado una semana atrás, sonó una de las señales de alerta de su iPhone con carcasa lila: Había recibido un e-mail. Grande sería su sorpresa al ver que era un e-mail proveniente de Martín, con quien no se comunicaba por lo menos hace 9 meses y que había sido muy complicado para ella sobrellevar dicha ruptura. -¿Qué puede querer?- pensó. No se atrevió a revisar el contenido del mismo. Algo dentro suyo le impedía hacerlo. Se puso a pensar en Simón.
Detengámonos acá un momento. ¿Por qué no lee el e-mail? ¿Y por qué piensa en Simón? La respuesta más evidente es que teme que el contenido del e-mail afecte su estabilidad emocional, y afecte su relación con Simón. Ella sabe del poder que tiene Martín sobre ella. De cómo domina sus pensamientos y acciones. De cómo le es imposible decirle que no. Sabe que si Martín le dice que está en la ciudad, ella terminará acostándose con él. Simón nunca se enteraría, e incluso si así fuera, la perdonaría. Manuela es la Martín de Simón. Entonces, ¿por qué el temor? Se acueste o no con Martín una vez más, su relación con Simón no variaría en absoluto. Entonces, quizá teme volver a entusiasmarse sobremanera con Martín, y que este vuelva a irse, como siempre lo hace, a Madrid. Y ella quedaría devastada una vez más. Pero, no es eso lo que la aterra, pues, por perniciosa que dicha relación resultaba, aún así ella lograba disfrutar de Martín. Disfrutar de él. Entonces, ¿por qué no lee el mail?
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