¿En qué momento se jodió el Perú? He ahí el dilema.
Los peruanos son estúpidos, dicen.
En estos días escucho repetirse esta frase con bastante frecuencia.
Y todo a raiz de las preferencias electorales de un porcentaje significativo de peruanos. Peruanos estúpidos, claro.
Y son estúpidos porque, al no estar conformes con un modelo económico del cual no perciben el menor beneficio, o peor aún, del cual están excluidos y se sienten burlados por el mismo, quieren que las cosas cambien para ellos.
¡Pero qué estúpidos!
Y claro, estúpidos ellos, votan por alguien que viene con promesas de cambio. ¡Habrase visto semejante estupidez!
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Se han hecho ya varios diagnósticos sobre por qué se desató la guerra interna, la guerra intestina que tiñó de rojo los andes de nuestro estúpido país.
Y la palabra que se repite con frecuencia, es exclusión.
Exclusión.
La exclusión llevó a nuestra estúpida nación a desangrarse.
Las víctimas, paradójicamente, fueron en su mayoría los excluidos.
Pero, ¿a quién le importa un puñado de indios estúpidos?
Es hora de voltear la página, dicen algunos -los inteligentes-.
Si la exclusión fue la causante de esa guerra en la que murieron muchos estúpidos, y gracias a la cual la violencia llegó a la ciudad, a perturbar la tranquilidad de los limeños inteligentes, pues entendemos que algo ha de haberse hecho para cambiar esa situación.
Digo, ¿no?
Y se formó una comisión, formada por intelectuales muy inteligentes -algunos con sangre estúpida también- para aclarar los eventos que ocurrieron en esas décadas infames.
Y se le puso un nombre emblemático: Comisión de la verdad.
Pero a los inteligentes no les gustó el informe final de dicha comisión, ni mucho menos sus recomendaciones.
Cuestionaron la labor, la motivación, cuestionaron que algunos de los comisionados tuvieran sangre estúpida, y en fin, quedó en nada.
En otros países, donde no existe tanta diferencia entre estúpidos e inteligentes, comisiones similares han llevado a la reconciliación. Pero acá no.
Entonces, dijeron los más inteligentes, es mejor pasar la página.
La exclusión generó la guerra interna.
Y nada se hizo, nada sustancial por desestupidizar a los estúpidos.
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Ya sin guerra civil que perturbara la tranquilidad de los inteligentes, sin coches bomba ni apagones, pues vinieron épocas de bonanza para regocijo de los inteligentes.
Alguno de ellos recordó que, sí, en algún lugar hay algo así como seres estúpidos, o no sé.
Bueno, a esos estúpidos se decidió darles las migajas del banquete que venían recibiendo.
A este modelo económico se le llamó chorreo.
"¡Los estúpidos ahora ya no son tan pobres!", ladraba el presidente de los inteligentes, quien curiosamente llegó al poder explotando su fisionomía de estúpido, pero resultó un inteligente de lo peor.
Pues claro, viendo el análisis, si antes vivían con 3 soles al día, ahora vivían con 5.7 soles. Ya no eran pobres extremos los estúpidos.
El punto que diferencia pobre extremo de pobre simplemente -pero estúpidos, obviamente- es si vivían con más de un dólar al día.
Y regocijo, y baile, y Johnie Walker Blue Label, para festejar por lo caritativos que son los inteligentes para con los estúpidos.
Y así siguieron varios años más...
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Pero, de repente, cuando los inteligentes estaban en el sopor de su complacencia, disfrutando del goce de una economía para inteligentes, donde el más fuerte -el más criollo- recibe más, y con una lucha encarnizada por no tener apariencia alguna de estúpido, en las cercanías del periodo electoral, vieron que un 25% de personas querían que se cambie el modelo económico.
Modelo hecho por inteligentes y para inteligentes -claro está-.
¿Qué cosa?
¿Pero qué tienen estos perros estúpidos?
¿Acaso no se dan cuenta que las cosas así están mejor?
¡Pero si son estúpidos! ¡Se contentan con un calendario y una bolsa de arroz!
Pero era cierto. Entre las personas que querían un cambio de modelo económico, la mayoría eran estúpidos.
Aquellos que no habían percibido los beneficios del modelo inteligente.
Cuyos ríos habían sido contaminados con mercurio por las mineras, y trabajaban en services, o bajo regímenes informales.
Trabajo para estúpidos, que le dicen.
Decidieron apostar por un ex militar -quien, paradojas de la vida, tenía denuncias por haber torturado estúpidos-, que les prometía luchar por ellos.
Los sedujo con un lenguaje fácil, para estúpidos, con promesas de cambio, de respeto.
¡Estúpidos! ¡Se dejan enamorar por cualquiera!
Y el ex presidente que les mencioné líneas arribas les decía, 'voten por mí, porque tengo cara de estúpido, sangre de estúpido. Voten por lo seguro, no por el retroceso que este militar les ofrece'.
Algunos estúpidos creyeron en el ex presidente.
Otros, los más estúpidos, esos que no tienen nada que perder, decidieron apostar por el ex militar, de quien se dice, que es un bien intencionado, pero no tiene ideas muy claras de qué hacer para cambiar la situación estúpida del grueso de la población.
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El ex presidente seguía pidiendo que voten por él, pero el mensaje ya no era para los estúpidos. Era para los inteligentes. 'Si el portavoz de los estúpidos gana, será el retroceso'.
Creo que lo que les quería decir era, que peligraba el modelo económico inteligente, que peligraba el bolsillo de los inteligentes, y la forma de vida de goce a la que ya estaban acostumbrados.
Se polarizó al país.
Inteligentes versus estúpidos.
Sin embargo, ojo con este detalle, ninguno de ellos explicaba muy bien qué haría.
El líder estúpido hablaba de cambio y renegociaciones, pero no estaba claro si eso se traduciría en beneficios a la larga para la clase estúpida.
Y el líder inteligente -el ex presidente- simplemente hablaba de continuar el modelo económico, pero aumentar el regalo de migajas, quizá algo de panes enteros, quizá, pero ocasionalmente, para los estúpidos.
Para que no ladren, las bestias esas, inmundas, estúpidas, pestilentes.
Y así transcurrieron los días, entre el voto seguro y el retroceso.
Pero, ¿qué se haría por los estúpidos? Creo que nadie lo sabía.
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Entre tanto, apareció una nueva figura.
Provenía del entorno inteligente, líder reconocido de los inteligentes, y que había sido ministro del ex presidente.
¡Pues seguro que viene a defender el modelo inteligente!
Y no se equivocaban. Con un discurso fácil, empleando tácticas que fácilmente captaban a los inteligentes más jóvenes, fue creciendo su popularidad hasta alcanzar cifras considerables.
Y este nuevo intelectual, hablaba de reorganizar la economía bajo el modelo inteligente, pero traía ofertas novedosas para mejorar la calidad de vida -a futuro- de la raza estúpida.
Pero la gente prefirió no escucharlo.
No tenía cara de estúpido. Tenía toda la apariencia de un inteligente de aquellos, de los de antaño, feudo y colonia.
Yo, que quiero creer que aún sigo siendo estúpido, decidí aprovecharme de la propuesta de este nuevo inteligente.
Si aplicábamos esas tácticas económicas, y las invertíamos PLENAMENTE en los estúpidos, quizá, quizá en un futuro, estúpidos e inteligentes podrían convivir bajo la misma justicia social, como en los otros países, donde ser estúpido no es ningún defecto ni carga. No tiene importancia.
Porque con las propuestas del ex comandante y el ex presidente, no había nada claro. Quien se perjudicaba de una u otra manera, era el estúpido.
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Por eso mi congoja actual.
Creo que este nuevo candidato no conseguirá la presidencia.
Y no podré aprovecharme de su inteligencia a favor de los estúpidos.
Y las cosas seguirán iguales.
Y en algún momento mis queridos estúpidos se hartarán.
O qué se yo.
Estúpidos e inteligentes.
Y viceversa.
¿En qué momento se jodió el Perú?
¿Y por qué no hicimos nada por cambiarlo?