jueves, 24 de enero de 2013

Lima, intranquila niña loca*

(Lima, Perú) Bellos son los árboles del Olivar, riquísimos -nótese el peruanismo- los Pisco Sour dobles. Hermoso escuchar un tondero. Placeres. Lima es compleja como toda mujer. Difícil entenderla; fácil de odiar pero imposible vivir sin ella. Lima, ciudad de Reyes.

Pero aceptémoslo, Lima está podrida por dentro.

En la ciudad que yo quiero, los vehículos respetan las líneas peatonales y no abusan de sus bocinas. Los choferes de los buses de transporte público gozan de beneficios laborales, pues sus empleadores pertenecen a empresas registradas, pagan impuestos y están sometidos a reglamentos estandarizados. En la ciudad que yo quiero se generan vías de transporte masivo, intercomunicadas y ordenadas. Lleva, lleva...

En la ciudad que yo quiero, los pobladores de estratos socioeconómicos menos favorecidos acuden a mercados mayoristas con alimentos y productos óptimos para el consumo humano, bajo estándares internacionales de higiene y salubridad, donde los comerciantes laboran libres de extorsiones de las grandes mafias. La Parada...

En la ciudad que yo quiero, no se discrimina a nadie por credo, raza, opción sexual o ideología. Y sus gobernantes promueven una lucha contra todo tipo de exclusión. Y sus pobladores condenan cualquier forma de racismo y no acuden a clubes o instituciones con denuncias previas de discriminación. Las mucamas jamás usan uniforme, y nadie les prohíbe el acceso a playas o exige que usen un baño distinto. Este fin somos en Aura, ¿no, huevona?

En la ciudad que yo quiero, se fomenta la lectura, el arte y el deporte. Sus pobladores acuden en forma masiva a los festivales de cine, música, literatura en lugar de Mistura o exposiciones de carros, y no al revés. Y sus gobernantes democratizan el acceso a los mismos. Qué hermoso resulta saber que ese esplendoroso tondero de Gabriel Alegría que acabo de disfrutar en el Olivar también fue presentado en Villa El Salvador y San Juan de Lurigancho. ¿No es esto parte de la justicia social? ¿O es que sólo importan las escaleras?

En el país que yo quiero, las autoridades rinden cuentas de sus actos. Los portales de transparencia virtuales están actualizados y los gobernantes son honestos. No ponen sus nombres en las obras, pues estas fueron hechas con los impuestos y tributos de sus pobladores. No ceden a la componenda política. Y, ciertamente, por ello mismo, fiscalizan los aspectos controversiales de anteriores gobiernos. Y pensar que se planteó la revocatoria a la semana siguiente del anuncio del informe sobre Comunicore. Pragmatismo, compadre...

En la ciudad que yo quiero, importa el respeto al prójimo. La basura se deposita en los compartimentos adecuados, se cede el asiento a los ancianos y personas con discapacidad en los buses, se respeta al turista extranjero y nacional, se alienta a la blanquirroja en el Nacional, se disfruta de un pisco en el Queirolo, se goza del rock peruano en La Noche, o se fuma un cigarro ecológico en la Plaza San Martín. Las diferencias se solucionan conversando. Conversando...

Y yo no sé Uds., pero creo que la actual alcaldesa  ha venido haciendo mucho de lo arriba mencionado. Sí creo que Lourdes Flores y el PPC lo hubiesen hecho mejor. Quiero creer que nadie extraña a Kouri. Porque creo en todo esto, y porque veo los resultados (¿alguien ha ido a La Herradura o La Parada últimamente? Yo sí), digo, esto no debe parar. Lima no es cemento. Lima es una mierda que busca ser ciudad. Esa es la ciudad que yo quiero. Por eso digo NO...

*Título tomado de una composición del magnífico cantautor peruano Piero Montaldo


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