Tenía 28 años, y había experimentado ya el desencanto de los ideales.
De participar del activismo político en épocas universitarias.
De largos y furibundos debates.
Se sentía tan cansado.
El cambio de carrera fue para él una de las decisiones más difíciles en las que se vio involucrado.
Dejar Sociales. Dejarlo. Tres años que quedarían en nada.
Empezó en el diario con ayuda de un amigo de épocas del colegio. Artículos menores.
Luego las cosas siguieron fluyendo, y ahora ya tenía su propia columna, seguidores en Twitter y hacía poco que empezaba en la radio.
Las entrevistas. Sabía lo que debía hacer. Entrevistas que ponían en aprietos al entrevistado... pero sin ponerlo en aprietos.
Los directores de los medios lo apreciaban. Era rentable sin ponerlos en aprietos.
Él lo sabía y eso lo agotaba...
Qué difícil resultaba anularse de a pocos.
Las respuestas vagas que daba el alcalde, y él no contraatacaba. Podía hacerlo, pero eso incomodaría al director, al público.
Esa dificultad era demasiado para él, estaba harto. Se sentía tan cansado.
Y al igual que del trabajo, estaba harto de ella. Harto de complacer a sus jefes, de complacerla.
De esperarla, de su malcrianza.
¿Qué había pasado?
En su adolescencia él habíase distinguido por su irreverancia -era el que más follaba del grupo-. Ahora vivía en ese conformismo que lo carcomía.
La detestaba. Detestaba esa inseguridad que se manifestaba cuando estaba frente a ella.
En la radio, se sabía todopoderoso: preguntaba y dejaba de preguntar a su antojo. Aún las mentiras las tomaba como suyas, resultado de su mayéutica, de su inquisición.
Con ella... Con ella era diferente.
Es peligroso eso de abrirse a alguien.
Se puso a pensar en las épocas universitarias. En las marchas.
¡Cuán vivo se sentía entonces!
Marchar por la caída del régimen. Encontrarse con las chicas de La de Lima, de la Católica. Sentirse admirado. Ser progresista era un plus en ese entonces.
Era tan popular ser de izquierda entonces.
- Simón - dijo el productor. - Simón, tenemos un invitado especial para esta semana.
- Dime - dijo él.
- Martín Bossio, el de El País. Está en Lima y ha aceptado una exclusiva.
- No jodas, Negro. ¿En serio? ¿Para cuándo?
La vida era una mierda en Lima en invierno. Y Manuela amaba Lima, la gris.
Simón -cómo no- odiaba a Manuela y a Lima en invierno...
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