¿Quién entiende estos tiempos?
Sus locuras, sus desvaríos.
Tiempos con sabor a mierda.
Tiempos prístinos y mezquinos.
Y yo que nada entiendo,
nada de lo importante quiero decir,
me confundo cada vez más, poquito a poco.
¿Quién aparta mi cáliz de este País?
Que el placer de caminar en el umbral otoño/invierno,
que las lecturas que únicamente se dan los viernes,
que el ser ignorado a dosis obscenas,
o el reconocimiento de otros que en verdad me son indiferentes.
Pero el verdadero motivo, la verdadera razón,
de toda esta decadencia, pestilencia de mi nombre,
lleva nombre de perra, muchacha monocorde,
que ha llenado de mierda mi hecatombe y colofón.
Se metió en mi vida la condenada,
¡inflamó mis sesos y se los comió!
Mal parida seas tú, loca endiablada,
corre por tu vida que te reviento los huesos.
Voy a calmarme un poco, pues veo rostros asustados.
Ud. Bernardo por lo general guarda los modales y las formas.
Pero es que esta concha-su-madre me hincha las pelotas,
aunque eso no justifica este festival de contubernios.
Ay, negra del orto, si tu corazón me perteneciera,
lo haría añicos y luego lento los pegaría.
Así es como entendí -con los años- que el amor duraría,
más me pegas, más te quiero, como mis indios, proclamaría.
¿Quién entiende estos tiempos?
Yo no sé, y por eso me quejo.
A reírse un poco, que eso es lo que queda,
las lágrimas más duras son las que quedan dentro...
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