Silencio en las calles.
En la acera se escucha el murmullo de esas sombras.
Sonido, tentación.
Deseo.
El vértigo.
Vértigo, el deseo irrefrenable e irrefutable de caer.
La maravillosa tentación de encontrarse cada vez más abajo.
Y así, sentenciar como Páez, que lo mejor de tocar fondo es saber que no podemos caer ya más.
Silencio otra vez.
Insoportable sinfonía de silencio.
Y soledad.
E incomprensión.
Confusión.
Convulsión.
Elixir de amaneceres, bebida de los dioses.
Caminante no hay camino.
Y al andar tampoco lo habrá, Machado.
La felicidad nos eleva por encima de lo normal, y a veces olvidamos que trae consigo el riesgo inevitable de caer.
El dolor nos recuerda que estamos vivos, y que existe un universo de sensación superior.
Maravillosa y sabia melancolía.
Y las calles de Miraflores, Sussan.
Y los secretos de alcoba.
Y el dolor, la inequidad, injusticia social, estabilidad laboral, improvisación y tanta artimaña (y artillería) a la que a diario debemos encarar.
Basta de canciones. Basta de ilusiones.
You bleed just to know you're alive.
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