jueves, 30 de octubre de 2008

The 'Zúngaro' Style

El tema de discusión de estos días ha girado en torno al escándalo del 'Petrogate'. O en torno a sus implicados, si deseamos una mayor precisión. Escuchamos la opinión de indignación del ciudadano de a pie, no exenta -claro-, de esa dosis de ignorancia y sentencia acusatoria propia del comentario frívolo y superficial.

Es tal la implicancia del tema, que logró traerse abajo un gabinete que -salvo un puñado de impresentables-, venía teniendo un desempeño apropiado.

Pero es imperioso distinguir las verdades del caso de las meras presunciones. Pues recordemos que un principio fundamental del Derecho es la presunción de inocencia. No caigamos en el facilismo de la condena por meras especulaciones. Y aún en aquella situación de comprobada acción delictiva, no cedamos a la farisea tentación de señalar a otros con el dedo mayor acusatorio.

O, como decía Monseñor Myriel en 'Los Miserables' del gran Víctor Hugo: 'Veamos el camino por donde ha pasado la falta'.

El escándalo es mayúsculo, como bien se ha señalado. Y, lógicamente, hace recordar el fantasma de la corrupción del primer gobierno aprista. Y, contrario a lo que señalaba De Althaus, no se trata de un asunto entre dos individuos aislados. No. Se trata de una flagrante violación a los estatutos y reglamentos en las licitaciones del gobierno. Y a continuación, procuraré un análisis de lo hasta ahora sabido, los presuntos implicados, y el por qué de dicho actuar. Análisis detallado, aunque superfluo.


La Rata y El León. Un día antes de conocerse los audios en Cuarto Poder, García, en Piura sentenciaba: 'No hay nada que haga más daño al sistema que la corrupción. Cuando aparece alguna rata, ratón o insecto hay que sancionarlo a su medida, porque no se puede permitir la corrupción. Los peruanos no podemos aceptar que alguien llegue a un cargo público para beneficiarse'. En la editorial de Perú 21, Álvarez Rodrich nos pedía que recordaramos esta frase en particular. ' Tomen nota (de lo que dijo) el presidente García como si supiera algo que se viene. Habrá que recordar, entonces, este comentario...'. Analicemos este primer punto.

¿Cuál es el por qué de estas declaraciones de García? ¿En efecto sabía ya que en el noticioso del domingo se difundirían los audios que comprometían a gente de su entorno y partido? ¿O -crédulos-, fue una declaración inocente que reflejaba su convicción y deseo de combatir la corrupción, similar a su desubicado 'botar a patadas' a los funcionarios públicos? De ser cierta la primera suposición -García conoce que se divulgarán los audios-, la razón probable para una declaración de dicha naturaleza, parece ser, la intención por distanciarse de los implicados, cerrar filas frente a ellos, para que el ciudadano común y corriente diga 'No, señor. García no tiene nada que ver con tal acto de corrupción, pues reafirmó su interés por combatir la corrupción aún antes de la difusión de los audios'. Recordemos que García es un viejo zorro de la política. Como ejemplo, abramos el baúl de nuestros recuerdos -el Perú es un país sin memoria-, y recordemos cómo aniquiló a Humala Tasso en el debate por la candidatura presidencial, cuando este último afirmó sin trastabillar que él no liberaría a Montesinos; García -con una sonrisa inolvidable sentenció-: 'El problema de un gobierno democrático no es que una persona que manda diga yo le doy libertad, o no le doy libertad, eso es militarismo. Es el Poder Judicial y la Corte Suprema quienes tienen que decidir el destino de las personas; allí está la esencia, la semilla del autoritarismo, al estilo Chávez, yo le doy, yo no le doy, eso, no es así en un gobierno democrático'. Pero retomemos la discusión.

La segunda posibilidad, la de un García que exhibe su Manifesto de lucha anticorrupción ignorando que se propagarían los audios en el noticioso del día siguiente, si bien poco creíble, no puede rechazarse de plano, por mera presunción de inocencia. Independientemente de nuestros sesgos políticos, sería deseable un gobierno que manifestara su convicción de combate a la corrupción sin necesidad del temor a la difusión de audios. Utópico, quizá.

Eso por el lado del por qué de las declaraciones de García. Ahora bien, ¿por qué Álvarez Rodrich lanza tal advertencia? ¿Por qué nos pide tener muy en cuenta las declaraciones del presidente? ¿Es que él -y otros periodistas- sabían de la existencia de estos audios, sabían que serían difundidos en el programa de esa noche? ¿Sabía eso, mas no lo denunció desde un inicio, esperando la oportunidad idónea, a fin de evitar taras legales, u otros contratiempos, como sostiene Caretas? Si fue así, ¿existe en la historia del periodismo -digo, la historia post corrupción-, casos en los cuales no se propagó información vital, por motivos diversos? ¿Dicho actuar no convierte al periodismo en presa fácil del clientelismo político, una venta al mejor postor? Y esto me lleva a recordar las denuncias del último periodo electoral, cuando propios y extraños denunciaban un complot por parte del periodismo neoliberal -llámese El Comercio, Perú 21, La República-, para favorecer a 'la candidata de los ricos', Lourdes Flores Nano. En efecto, Sussan. El periodismo es el Cuarto Poder. Pese a la suspicacia natural del caso, Álvarez Rodrich afirmó en su columna editorial del 15 de octubre que, pese a las controversias que ha generado el 'Petrogate' -que comentaremos más adelante-, la decisión final del grupo periodístico Perú 21 (y quizá otros más), fue permitir la difusión de los audios, pues implicaba a funcionarios públicos, era información de interés nacional, y en suma, es función máxima del periodista, la de informar, pese a las vicisitudes que -sospechaban, y sospechaban bien- vendrían. Como él mismo escribió: '¿Hicimos bien o mal cuando decidimos, luego de un amplio análisis en esta redacción, proceder a su publicación (sobre los audios)?

Atrápame si puedes. Difundidos los audios, tras la valiente denuncia de Fernando Rospigliosi, llamaron los implicados al programa periodístico, quienes con argumentos risibles, trataron de desvirtuar la denuncia, victimizándose por la violación de la privacidad de sus comunicaciones, o señalando que era una conversación vanal sacada de contexto. Lógicamente, con ello, sólo convencieron a sus familiares -léase, Rómulito y sucedáneos- o uno que otro paparulo. Ante ello, bien podía aplicarse esa máxima de origen árabe (me quedan dudas sobre ello) que sentencia: 'Si lo que vas a decir no tiene sentido, quédate callado'. Las reacciones fueron inmediatas, y de todos los calibres. Mulder afirmando a voz en cuello que los implicados serían expulsados inmediatamente del partido; aunque ello me permite recordar que Mulder vaciló al señalar si el señor Alberto Quimper -quien se ofendió por el apelativo de roedor otorgado por nuestro mandatario, bajo el argumento que no podía ser insultado así por ser un miembro de la 'benemérita Sociedad de Fundadores de la Patria', y porque era un descendiente directo de un 'héroe de la batalla del 2 de Mayo'. Como respondieron en Somos de El Comercio, qué tendrá que ver una cosa con la otra- era o no miembro del Partido de la Estrella (luego se comprobaría que sí). Mulder sólo señaló que Quimper, había sido un candidato al parlamento 2006 por el APRA, como invitado, que también había sido abogado por los problemas tributarios de Alán García cuando cursaban las investigaciones por su desbalance patrimonial -el cual, por cierto, nunca fue aclarado-, y que había sido abogado de la detestable, deleznable y -Dios escuche nuestros rezos-, quien ojalá nunca más regrese al Perú, salvo quizá para responder por las denuncias de enriquecimiento ilícito, pero al final, que ojalá no regrese, y menos como Primera Dama, Eliane Karp, así como de Adam Pollack, el 'amigote' de Toledo. Pero démosle crédito a Mulder. Es imposible saber quiénes integran o no el partido de la avenida Alfonso ugarte. A la par, un hecho importante paso casi desapercibido: El entonces Ministro de Trabajo, Mario Pasco, renuncia a dicha cartera por la aprobación del pase de control de las MYPEs al Ministerio de la Producción, para beneplácito del entonces ministro de dicho portafolio, Rafael Rey -el no aprista, más aprista-. El interés por beneficiar a Rey era, pues, evidente, y el pobre Pasco, ministro independiente que venía desarrollando una gestión impecable, pese al acoso constante de ese grupo de vándalos motivados por intereses políticos de extrema izquierda, llámese CGTP (quienes crearon dicho sindicato para la defensa de los derechos de los diversos gremios laborales, tarea desvirtuada a la actualidad, y quienes planean organizar una marcha de protesta en pleno APEC. ¿El motivo? La llegada de Mr. Danger, George W. Bush. ¿Acaso no es evidente la politización macabra en la que dicho grupúsculo ha incurrido? En épocas como las actuales, de crisis financiera de consecuencias aún impredictibles, ante un evento como el APEC, que -pese al reclamo de los radicales de siempre-, será de gran beneficio para nuestro país, y donde urge mostrar una nación ordenada y civilizada para conseguir tan ambiciosos fines, estos desadaptados pretenden someternos a sus caprichos -¿o serán los caprichos que les dicta el gorila venezolano?-; esperemos que se repita el fracaso ya usual de sus manifestaciones, y que el Estado sepa contener a los revoltosos). Como comentaba, Pasco era un ministro más que idóneo para dicho cargo, pero al prosperar la propuesta de pasar la competencia de las MYPES al ministerio de Rey, el buen Pasco renunció, y la oportunidad fue aprovechada por el partido de gobierno por poner en dicha cartera a Jorge Villasante, cuestionado cuando pretendió postular a la presidencia regional. Se cumplía el vaticinio de Mantilla: Los apristas tendrían mayor presencia en el Estado a partir del segundo año de gobierno.

(continuará...)

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