'I wish you were here'.
Y decirte aquello que no puedo cuando estás junto a mí.
¿Por qué me tocas el rostro?
¿Por qué me pides que no viaje?
Si luego me abandonas sin ahondar en razones.
¿Qué quería decirte?
Que quiero renunciar - en la medida de lo posible -, a todo aquello que me aparta de ti.
Que te amo. Que esa relación 'sana' que llevábamos, merecería una continuidad infinita.
Sussan. Tus risas y frases imperfectas. Tus gentos y comentarios.
Sussan, ¿por qué tiene que ser tan difícil?
Conversábamos en nombre de terceros, hablando de lo nuestro.
Por lo menos así lo sentía yo.
Y tus amistades, que cada vez más te alejan de mí. O, dicho de un modo más objetivo, te permiten abrir los ojos y reconocer al ser imperfecto que ha estado rondándote por tanto tiempo.
Sussan, indigno de ti soy.
No soy atento, cortés, ni buen amante.
Nada de eso.
Y ellos, que tanta atención te brindan, pues en definitiva llenan espacios importantes para ti.
¡Maldición con los diferentes conceptos de amor!
¡Maldición con la vida misma!
Sussan, risueña e inocente.
Sussan, ya tan lejana a mí.
No te buscaré más; al menos lo intentaré. Lo prometo.
Pues, no quiero nuevos desplantes. Nuevos abandonos.
Nuevas disculpas frías.
Sussan, te amé con sinceridad, imperfecta, sí, pero honestidad brutal. A lo Sabina.
...
Aprendiendo a aceptarme como soy.
Supongo que cada uno tiene dones, 'gifts', para involucrarse con otros.
Yo, soy un paparulo que camina sin saber cuál es la real consistencia de sus pisadas.
Y las bebidas, y las amanecidas, con su abrazo sincero, que me espera, que me entiende.
Y al día siguiente, resfríos, psicomatizaciones u otros.
Y después, el cobijo materno. El calor de mis padres.
¡Hay gente que me quiere!
'Roberto Jesús , el mejor', dijo mi padre alguna vez. Quisiera sentirme digno de ello.
Pero la verdad es cada vez más lujuriosa y deja perplejos a los incautos parroquianos que cometen el error de prestarle demasiada atención.
Y yo aquí, con el traje y corbata, sentado, blasfemando.
Escribiendo los últimos adioces.
¡Quién fuera otro!
(No es fácil ser Alan Braddock. Y mucho menos para él. ¿O creo que era Rocky Keegan?)
¡Qué más da!
No es fácil ser un Bernardo.
No es fácil ser Roberto Bernardo.
Y entonces, bebo el último sorbo, me despido de ellos. Me calzo el saco. Y marcho hacia mi refugio.
Pues ha sido suficiente por hoy.
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