domingo, 17 de octubre de 2010

Primavera Zero

Qué peculiares empiezan a resultar estos días.
No tengo ganas de politizar este post; hoy quisiera hablar un poco más de mí.
Siento ahora un no sé qué, sabe a melancolía, sabe a satisfacción. Una mixtura de sensaciones.
Me entran las ganas por momentos de llamar a cierta persona, pero comprendo que es mejor contener dichos impulsos. Nada bueno podría resultar de ello.
Disfrutaba hoy de un interesante espectáculo de Danza Contemporánea. Danza alternativa o independiente que le dicen. Espejo Reflejo era el nombre de esta producción, llevada a cabo en un espectacular ambiente barranquino, de techos altos, luminaria precaria pero explotada de forma espectacular, y las bailarinas, con ese aire de autosuficiencia, propio de las personas que se saben dueñas de sus pasos. Dueñas de su tiempo y sandalias, como dijo alguna vez el gran Nippur de Lagash. Esta exposición evocó mucho a distintas emociones, tan es así que en determinado momento tuve que tomarme el pulso para cerciorarme que la taquicardia tan temible de los últimos días no había recurrido. Valió la pena. Ayudome todo esto a rememorar experiencias del pasado. Experiencias buenas y del otro tipo, desde luego. Una oda al proceso de la memoria. la compañía también ayudó desde luego. Y Barranco. Barranco conquistando los sentimientos. Barranco, tan hermoso Barranco.
Más temprano participaba junto a amistades de una de mis hermanas en la filmación de un proyecto cinematográfico del que no conozco siquiera el título. Pero fue satisfactorio estar ahí, participar de una pseudo discusión de intelectualoides. Fue satisfactorio simplemente estar ahí.
Y entonces comprendí que conversar, algo irónicamente tan difícil para mí, es un placer del que me he estado privando por mucho tiempo.
Conversar. Soltar todo y largarse.
Bueno, desde luego que como todos los días, y en especial con ese placer de no tener nada que hacer que caracteriza a los domingos, me puse a leer el diario. La política de siempre. Perdónenme, pero cada uno tiene sus vicios.
Y pasadas las elecciones municipales, que tanta polémica han generado entre mis conocidos mi postura de apoyo al PPC (jamás pensé que alguien podría catalogarme como ultraderecha, pero en fin), y la confusión que genera a propios y extraños que ahora proteste contra el explícito fraude que se venía cocinando para favorecer a mi candidata (lo cual conlleva a que se me tilde de oportunista según ciertos fariseos), se viene la época espectacular, algo así como el Mundial de la política: Las elecciones presidenciales. Esta campaña venidera va a ser de lo más asqueroso, mucho más de lo que podamos pensar.
¿Quién será el outsider? ¿Se formará la gran alianza de centro? ¿Villarán presentará una fórmula sin el Movimiento Nueva Izquierda ni los Patria Roja -ni Marco Arana? Grandes interrogantes.
Y también es época de disfrutar de los otros placeres. La Premier League, La Liga A italiana, la Champions League.
Es época de disfrutar, de caminar, de sentir, de llorar.
De echarte en el cuarto oscuro y escuchar a Pedro Aznar. Como ahora.
Es tiempo de conversar un poco más.
Y agradecer en silencio el contar con esos grandes amigos que tengo. Y los grandes nuevos amigos.
Es momento de sonreír por la grandiosa familia que tengo, y sé que me tienen consigo. Complejos y peculiares, pero son los míos.
Y agradecer también por haberte conocido, por todo lo que hemos compartido. Te mereces tantas grandes cosas, sé que lo sabes.
Quizá en un futuro podamos comunicarnos nuevamente.
Pero ahora quiero cerrar los ojos.
Y gozar de esta extraña sensación, que tiene un poco de melancolía y otro tanto de satisfacción.
Gozar esta locura llamada vida...

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